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Методичні рекомендації для студентів денної та екстернатної форм навчання Інституту іноземної філології Херсон 2006




НазваМетодичні рекомендації для студентів денної та екстернатної форм навчання Інституту іноземної філології Херсон 2006
Сторінка2/11
Дата03.11.2012
Розмір0.76 Mb.
ТипМетодичні рекомендації
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El lenguaje de las manos


¿Necesitamos siempre palabras para comunicarnos con otros? ¡Claro que no! Por ejemplo, cuando queremos decir que sí o que no, podemos mover la cabeza verticalmente u horizontalmente. Nos expresamos usando la cabeza o la boca, o los ojos, o las manos . . . Los hispanohablantes también usan las manos para expresarse, y las usan más que nosotros: hablan con las manos.

¿Cuál es el significado de este mensaje? ¿Es A? B? o C?

1. los dedos juntos delante de la boca

A. ¿Quieres comer algo?

B. ¡Háblame de tu problema!

C. ¡Lávate los dientes!

2. el pulgar y los dedos juntos

A. ¡Lávate las manos!

B. ¡Dame el dinero!

C. ¡Ven aquí!

3. la mano abierta y los dedos juntos

A. ¡No te quedes en casa!

B. ¡No salgas ahora!

C. ¡Espera un momento!

4. el índice levantado

A. ¡Mírame!

B. ¡No hagas eso!

C. ¡Dime tu nombre!

5. el índice debajo del ojo

A. ¡No digas mentiras!

B. ¡Cuidado! ¡Ojo!

C. ¡Pásame mis anteojos!

6. el índice en la frente

A. ¡No estés tan nervioso(a)!

B. ¡Piensa!

C. ¡No digas nada a tus amigos!


12. Traduzca al ucraniano prestando atención a las frases estables con las palabras ‘ojo’ (A) y ‘mano’(B):

  1. 1. Ocultó su ojo a la funerala bajo unas gafas oscuras. 2. No es feo, pero tiene ojos de besugo. 3. No pude menos que conmoverme ante aquellos ojos de carnero. 4. Así, a ojo de buen cubero, no creo que el pez que pescaste pesaría unos tres kilos. 5. La situación se agrava a ojos vistas. 6. Es muy joven y muy inocente, pero los años le irán abriendo los ojos. 7. No puedes ‘cerrar los ojos’ ante la terrible situación de tu país. 8. En este negocio hay que estar con cien ojos si no quieres fracasar. 9. ¡Dichosos los ojos! ¿dónde te has metido en estos últimos meses? 10. En un abrir y cerrar de ojos me visto y nos vamos de compras. 11. Ahora me mira con otros ojos, pero antes me odiaba a matar. 12. No pegué ojo en toda la noche. 13. ¿Es que no tienes ojos en la cara, que casi me atropellas? 14. Ascendió rápidamente en la empresa porque era el ojo derecho del jefe. 15. Este viaje me costó un ojo de la cara. 16. No juegues con ese palo, hijo, que te vas a saltar un ojo. 17. Los dos enamorados se comían con los ojos. 18. Se le íban los ojos tras el precioso collar de diamantes de una de las damas de la fiesta. 19. Cuando voy a un sitio por primera vez, soy todo ojos. 20. Estad ojo avizor para que no os timen. 21. Puse los ojos en ti desde el día que te conocí, porque me pareciste formidable. 22. Esto es tan fácil que lo hago ‘con los ojos cerrados’. 23. Si yo tuviera ese ojo clínico para juzgar a la gente, me dedicaría a las relaciones públicas. 24. ¡Ojo con meterte conmigo, o lo lamentarás! 25. Me entró por el ojo izquierdo, y no pude ni verlo. 26. Abandonó todo lo que poseía y volvió sus ojos a los más necesitados. 27. Me he echado el ojo a un libro, y voy a ver si mañana me lo compro. 28. Pedro está celoso porque su madre sólo ‘tiene ojos’ para el más pequeño de la familia. 29. ¡Ojo al parche, que ya vienen! 30. Ten mucho ojo y no cometas ninguna imprudencia.

  2. 1.En este trabajo hay que tener mucha mano izquierda con los clientes. 2. ¿Me echas una mano con esta maleta, que pesa mucho? 3. En el sector industrial es fundamental la mano de obra. 4. Es mi mano derecha y no hago nada sin consultárselo. 5. Dirige el país con ‘mano de hierro’. 6. ¿No te da vergüenza estar mano sobre mano mientras los demás trabajamos? 7. Sólo nos quedan dos paredes por pintar, así que ¡manos a la obra! 8. Tengo la consciencia tranquila porque tengo las manos limpias. 9. Te llevo en coche, porque tu casa me queda a mano. 10. Fue un ataque a mano armada y hubo dos heridos de bala. 11. Murió a manos de sus enemigos. 12. Los payasos repartían caramelos a manos llenas. 13. ¡Qué no te ocurra nunca levantarme la mano! 14. Con la firma de aquel papel me ataron las manos. 15. No te preocupes, que el asunto está en buenas manos. 16. Cuando le dijeron el precio del sofá se llevó las manos a la cabeza. 17. Este proyecto me parece tan complicado que no sé como meterle mano. 18. Aprobé porque la profesora abrió la mano. 19. No sabe qué inventar para explicar el dinero recibido bajo mano. 20. Desde que esta tienda cambió de manos va mucho mejor. 21. En esta tienda cargan la mano en los precios. 22. No te rías, que te lo estoy diciendo con la mano en el corazón. 23. Estaba copiando en el examen y el profesor la cogió con las manos en la masa. 24. Lo que me propuso no me pareció correcto, así que se fue con las manos vacías. 25. Se arruinó y ahora está con una mano detrás y otra delante. 26. Se estrecharon las manos en señal de saludo. 27. Los novios paseaban de la mano. 28. Sé la noticia de primera mano, porque me la dijo el interesado. 29. En esta librería venden libros de segunda mano muy bien conservados. 30. Pusieron el reparto de la herencia en manos de sus abogados. 31. No está en mi mano que te den este trabajo. 32. Se frotaba los manos ante la perspectiva de hacer un crucero. 33. La idea era mía, pero me ganó por la mano y la presentó él en su proyecto. 34. El asunto se le fue de las manos y quedó fuera de su control. 35. Tú nos metiste en este lío así que ahora no te laves las manos. 36. La discusión fue muy violenta, pero no llegaron a las manos. 37. Tiene entre manos un negocio de mucho dinero. 38. Esta niña tiene la mano muy larga y pega a todos de su clase. 39. El día que pida mi mano, haremos una fiesta para que se conozcan nuestras familias. 40. Pongo la mano en el fuego por él, porque sé que es inocente.


13. Relacione las dos columnas y use las expresiones estables en sus propias oraciones:


1. Coger del mismo pie.

1. Completamente o con todo lo necesario.

2. Con buen/mal pie.

2. Con acierto o con buena suerte.

3. Con el pie derecho.  

3. No ser lógico o no tener sentido.

4. Con el pie izquierdo.

4. Saber cuál es el punto débil de alguna persona.

5. Con los pies por delante.

5. Sin acierto o con mala suerte.

6. Con el pie en (un lugar).

6. Actuar con descaro o fuera de las pautas socialmente establecidas.

7. De los pies a la cabeza.

7. Empeñarse en encontrar dificultades inconvenientes o complicaciones.

8. Nacer de pie.

8.Ir.

9. No dar pie con bola.

9. Salir corriendo o huir.

10.No tener pies ni cabeza (sin pies ni cabeza).

10.Tener el mismo defecto.

11.Poner pies en polvorosa.

11.Muerto o sin vida.

12.Saber de qué pie cojea alguien.

12.Tener muy buena suerte.

13.Buscarle cinco/ tres pies al gato.

13.Con buena/mala suerte.

14.Dar pie.

14.En disposición de combatir o dispuesto a tener un enfrentamiento agresivo.

15.Sacar los pies del plato.

15.No acertar absolutamente nada.

16.En pie de guerra.

16.Próximo (a un lugar).



^ 14.Estudie la procedencia de las locuciones fraseológicas:


Nacer de pie

A quien tiene suerte en todas aquellas cosas que emprende, de modo que to­do le sale a pedir de boca y le sonríe la vida, a esa criatura afortunada decimos que parece que nació de pie. Es expre­sión antigua, que se apoya en la creencia de que aquel que viene al mundo con los pies por delante en el llamado parto podálico tendrá mucha suerte en la vida. Es creencia apoyada en la observación del elevado número de posibilidades de sobrevivir que tienen quie­nes nacían así, en contraposición con el peligro que representa nacer de culo o de cabeza.

^ Tener un ojo a la funerala

A la funerala es modo adverbial de origen militar alusivo a la forma en que llevan los soldados el fusil por Semana Santa o en los funerales de Estado, con el cañón caído hacia abajo. El porqué del modismo en relación con el ojo amoratado es com­plicado. La comparación tiene que ver con el ambiente doloroso que rodea al caso, que se hace extensivo al hecho de tener el entorno del globo ocular violáceo debido al golpe recibido, a consecuencia de lo cual el párpado anda amoratado y caído.


¿De quién puede decirse que tiene la gracia en el culo?

A quien carece de salero o simplemente tiene mala sombra, es patoso y desmañado decimos que tiene la gracia en el culo, como las avispas. Se alude a la condición desabrida y cargante de esas criaturas desgraciadas, acaso por comparárselas con la abeja y otros insectos dañinos cuya picadura procede del aguijón, generalmente localizado en la parte trasera del bicho. El sentido de la expresión es antifrástico, esdecir, expresado con retintín o con segundas.


1.Bajar la cabeza.

1.Salir de la pobreza o de una mala situación.

2.Con una cabeza alta.

2.Hacerse juicioso y sensato.

3.Cortar/rodar cabezas.

3.Persona irresponsable, vacía o sin sentido común.

4.Levantar cabeza.

4.Ser poco juicioso o estar distraído.

5.Levantar la cabeza.

5.Obedecer sin réplica, humillarse o avergonzarse.

6.Cabeza cuadrada.

6.Extraer una enseñanza de los errores ajenos, esp. si sirve para evitar repetirlos.

7.(Cabeza de) chorlito.

7.Molestarlo, cansarlo o preocuparlo con conversaciones pesadas e insistentes.

8.Cabeza dura.

8.Con dignidad o sin avergonzarse.

9.Cabeza hueca.


9.Tener buena o mala memoria.

10.Calentarle la cabeza.


10.Persona que sólo actúa según normas y planes prefijados.

11.Calentarse/romperse la cabeza.

11.Estar muy ocupado o tener muchas preocupaciones.

12.Estar mal/tocado de la cabeza

12.Echar a alguien de un puesto.

13.Llenar la cabeza de pájaros.

13.Persona torpe o que no tiene facilidad

14.Meter en la cabeza.

para comprender las cosas.

15.Metérsele en la cabeza

14. Provocar un orgullo excesivo.

16.Perder la cabeza.

15. Resuciar.




16. Persona de poco juicio o despistada.

17.Sentar (la) cabeza.


17. Alterar, aturdir o agobiar, esp. por un exceso de obligaciones o de preocupaciones.

18.Tener buena/mala cabeza.

18.Infundir vanas esperanzas

19.Subirse a la cabeza.

19.Obstinarse en ello.

20.Tener la cabeza a pájaros.

20.Esforzarse o preocuparse mucho.

21.Tener la cabeza en su sitio.

21.Perder la razón o volverse loco.

22.Andar/ir de cabeza.

22.Estar trastornado o loco.

23.Escarmentar en cabeza aleja.

23.Hacer comprender.

24.Traer la cabeza.

24.Ser muy juicioso.
15. Relacione las dos columnas:

16. Exprese el sentido de manera más coloquial sustituyendo las expresiones subrayadas por una de las frases estables que siguen:

1) lengua de víbora/viporina; 2) andar en lenguas; 3) con la lengua afuera; 4) darle a la lengua; 5) hacerse lenguas de; 6) irse de la lengua; 7) tirar de la lengua; 8) a espaldas de; 9) guardar las espaldas; 10) con la frente muy alta; 11) frente a frente; 12) al frente; 13) dar la espalda; 14) irse de la boca/irsele la boca; 15) a pedir la boca; 16) abrir la boca; 17) cerrar/coser la boca; 18) con la boca chica/pequeña; 19) hablar por la boca de (otra persona); 20) no caerse de la boca; 21) quitar algo de la boca; 22) caérsele el pelo; 23) con pelos y señales; 24) de medio pelo; 25) por los pelos; 26) tirarse de los pelos; 27) tomar el pelo; 28) no tener pelos en la lengua; 29) poner los pelos de punta; 30) soltarse el pelo; 31) meter en cintura; 32) a pecho descubierto; 33) partirse el pecho; 34) tomar(se) a pecho(s); 35) ponerle los dientes largos; 36) decir/hablar entre dientes; 37) hincar/meter el diente (a); 38) no despegar los labios; 39) cruzarse de brazos; 40) no dar su brazo a torcer; 41) codo con codo; 42) empinar/levantar el codo; 43) hincar los codos.

1. Me protege porque lo que a mí me pase repercutirá en ella. 2. Intentó provocarme para sonsacarle información pero no solté nada. 3. Hablemos de manera abierta y directa y terminemos con todas estas intrigas. 4. Lo abandoné cuando supe que se veía con otra en mi ausencia. 5. Vino corriendo y llegó con gran cansancio. 6. Afortunadamente, todo nos salió como se había deseado. 7. Se nota que no te gusta el lugar porque no hablas de ello con frecuencia. 8. ¿Qué te pasa que no has dicho ni una palabra en toda la tarde? 9. Ten cuidado con lo que le cuentas, porque es una persona que acostumbra a hablar mal de los demás. 10. Llevas toda la tarde hablando mucho y me has puesto dolor de cabeza. 11. Iba a decir lo mismo, pero tú anticipaste lo que iba a decir. 12. Como se entere mi padre de que he salido sin permiso, voy a recibir un escarmiento. 13. Soy enemigo de escandalizar o de ser objeto de murmuraciones. 14. No le perdono porque nos negó el apoyo cuando más necesitamos su ayuda. 15. No deja de alabar tus virtudes. 16. No me arrepiento de nada y me presentaré ante ellos con la conciencia tranquila. 17. Dice que no ha estudiado tanto para ocuparse de asuntos de poca importancia como esos. 18. Era furioso cuando vi, que a mí me había costado el doble que a ti. 19. Me contó con detalles y minuciosidad como había sido la fiesta. 20. Dijo más de lo debido y desveló nuestro secreto. 21. Hablaste mucho y con imprudencia y ahora lo sabe todo. 22. En cuanto le pregunta algo, calla. 23. Me burlaron diciéndome que nos habían subido el sueldo. 24. No me eches la culpa a mí, que yo digo lo que tu tía ha dicho. 25. Está al mando del negocio desde que murió su padre. 26. Has llegado en el último instante, porque ya íbamos a cerrar. 27. El día que se levanta enfadado no deja de refunfuniar. 28. Está haciendo gestiones porque quiere apropriarse de las tierras de su familia. 29. Aquellos imágenes de la guerra me causaron gran pavor. 30. Le dije que me parecía una idea absurda, porque digo sin reparos lo que se piensa. 31. No te ofendas por lo que te dije, porque era una broma. 32. Como sabe que me gusta su coche, me habla constantemente de él para provocarme un deseo intenso. 33. Con este castigo intenta hacerle entrar en razón a su hijo y que le obedezea. 34. No voy a su fiesta porque me invitó sin verdadero deseo de hacerlo. 35. Se esforzó para que sus hijos tuvieran una buena educación. 36. Se lanzó a actuar de forma preocupada y decisiva e invirtió todos sus ahorros en un nuevo negocio. 37. Me gustan las personas que actuan con sinceridad y nobleza. 38. Si quiero aprobar el examen tendré que estudiar mucho. 39. Estaba tan cortado en la fiesta que no habló en toda la tarde. 40. Este borracho bebe bebidas alcohólicas desde que se levanta por la mañana. 41. No te quedes sin hacer nada e intenta solucionar tus problemas. 42. Los dos socios trabajaron juntos para que saliera adelante el proyecto. 43. Es tan cabezota que siempre se mantiene firme en su decisión u opinión.


^ 17. Sustituya los puntos por las frases fraseológicas que siguen en la forma adecuada:

1) asomar las narices; 2) dar en la nariz (a alguien); 3) darse de narices; 4) en las narices de alguien; 5) meter las narices; 6) no ver más allá de sus narices; 7) restrengar/pasar por las narices a alguien; 8) cuerpo cortado; 9) cuerpo del delito; 10) a cuerpo; 11) a cuerpo de rey; 12) en cuerpo y (en) alma; 13) pie plano; 14) poner los pies en; 15) al pie de la letra; 16) dormir a pierna suelta/tendida; 17) estirar las piernas; 18) por piernas corriendo; 19) piel de gallina; 20) ser de la piel der diablo; 21) malas lenguas; 22) tener la lengua muy larga; 23) atar la lengua; 24) morderse la lengua; 25) trabarse la lengua; 26) espalda mojada; 27) hacérsele la boca agua; 28) abrir/hacer boca; 29) con la boca abierta; 30)de pelo en pecho; 31) enseñar/mostrar los dientes; 32) de dientes para afuera; 33) sellar los labios; 34) morderse los labios; 35) con brazos abiertos; 36) ser el brazo derecho (de); 37) hecho un brazo de mar; 38) a brazo partido.

1.Yo creo que va a dar una gripe porque amanecí con “...”. 2. El detective guardó la pistola como ... . 3. Si sales ... te cogerás un resfriado. 4. En esta pensión tratan ... . 5. Se dedica ... a su trabajo. 6. ... para ver quién estaba en la sala. 7. ... que mañana no va a venir nadie. 8. Cuando nos escapábamos de clase, ... con la profesora. 9. Los ladrones les robaron las joyas ... . 10. A los cotillas les gusta ... en los problemas ajenos. 11. Como ..., no se dio cuenta de que tus palabras iban con malas intenciones. 12. No entiendo que te gusta tanto ... que sacas mejores notas que yo. 13. Se nota que tienes frío, porque tienes “...”. 14. Este niño ... y me tiene agotado. 15. Como tiene ... es un poco torpe cuando corre. 16. Hace más de dos años que no ... . 17. Cuando alguien dice que se muere de risa, no hay que comprenderlo ... . 18. Aunque haya ruido, yo siempre ... . 19. En el viaje paramos un rato para comer y ... . 20. Se estaba quemando la casa y salimos “...”. 21. ... decían que tenía relaciones con una mujer casada. 22. ... y eso te traerá problemas. 23. El respecto al secreto de confesión ... al sacerdote. 24. Tuve que ... para no decirle donde estaba su hermano. 25. ... y, en lugar de decir ‘pamplinas’, dije ‘plimpanas’. 26. Mi amigo mejicano se fue como ‘...’ a Estados Unidos a intentar conseguir un trabajo. 27. Como estoy a régimen ... cuando te veo comer. 28. Para ... antes de comer tomaré unos taquitos de jamón y un vino. 29. No se lo podía creer y se quedó ... . 30. El héroe de la película era un hombre ... y salvaba a su dama de todos los peligros. 31. Tuve que ... para hacer ver mi posición. 32. Me dijo que me acompañaría ..., porque yo sé que no quería ir conmigo. 33. Las amenazas ... del testigo. 34. Estaba diciendo tantas tonterías que tuve que ... para no estallar en carcajadas. 35. En esta casa siempre me reciben …. 36. Mi mujer es mi … y no podría prescindir de su eficaz ayuda. 37.Venía …, tan guapo y tan bien vestido. 38. Lucharon …, hasta que uno de ellos cayó muerto.


^ 18. Lea el texto y haga los ejercicios:

Un atraco

¡Atención! ¡Esto es un atraco! ¡Todos quietos! Si hacen lo que decimos, no va a pasar nada.

Los tres hombres llevan una media de mujer en la cabeza. Uno de ellos está junto a la puerta de salida. Con una pistola amenaza al per­sonal del banco y a los clientes. Los otros dos empiezan a recoger di­nero y lo meten en una bolsa de plástico de El Corte Inglés.

Suena la alarma y los tres hombres salen del banco. En la calle su­ben a un coche. En este momento llega un coche de la policía. Un agente grita: ¡Alto! ¡Policía!

El coche de los atracadores sale a gran velocidad. El coche de la policía va detrás. Los atracadores llegan a una calle estrecha con mu­cho tráfico y no pueden continuar. Salen del coche y corren por la calle. Dos policías corren detrás de ellos. Gritan: ¡Alto! ¡Somos policías!

Los atracadores corren. La gente se aparta, asustada. Los policías son jóvenes y fuertes. Corren más rápido.

    • ¡Alto!

Un policía detiene a uno de los atracadores. Otro atracador cae al suelo y el otro policía lo detiene también. El tercer atracador se es­capa y está ya muy lejos.

Tranquilo – dice uno de los policías al otro-. No va a poder ir muy lejos. Sé quién es. Se llama Antonio Pareja y éste no es su pri­mer atraco. Vamos a la comisaría con estos dos.

Los cuatro suben al coche, que está al otro lado de la calle, y van a la comisaría.

    • Sargento, hemos detenido a estos dos atracadores. Han atra­cado la oficina del Banco Popular que hay en la calle de Colón. El tercer atracador ha podido escapar. Es Antonio Pareja, un chico jo­ven, con poco pelo, alto y delgado. ¿Se acuerda de él?

    • Claro que me acuerdo. Por aquí tengo su fotografía. Mire, aquí hay varias.

    • Pues no puede estar muy lejos de aquí. Por favor, ¿puede en­viar un par de fotos a las comisarías de los pueblos de los alrededo­res? A ver si alguien lo ve. Este tipo está siempre por aquí cerca.

    • Muy bien. A ver... mire, voy a enviar estas tres fotos: ésta de perfil, ésta con bigote y ésta con gafas.

El sargento envía las fotos por fax a media docena de pueblos. Al día siguiente, en la comisaría reciben un fax de un pequeño pueblo que está a unos veinte kilómetros de la ciudad. Un policía lee el fax y se echa a reír.

    • ¿Qué pasa? –pregunta el sargento.

    • Nada, nada, que el guardia que envía el fax no es muy buen fiso­nomista. Es sobre el atracador del Banco Popular de la calle Colón.

    • Sí, sí, el hombre del atraco de ayer, ¿y qué dice?

    • Escuche. Lo leo: «Hemos recibido las fotos de los atracadores del Banco Popular de su ciudad. Ya hemos detenido a dos, el hombre que lleva bigote y el que lleva gafas de sol. El tercero, el chico de la foto de perfil, no sabemos dónde está, pero lo estamos buscando. Si está en nuestro pueblo, pueden estar tranquilos, ¡lo vamos a de­tener!».


atraco бандитський напад de perfil в профіль

sargento сержант subir a un coche сідати у машину

detener затримати atracador m нападник

media de mujer жіноча панчоха gafas окуляри

amenazar погрожувати asustado переляканий

velocidad f швидкість escaparse втікти

¡Alto! Стій! echarse починати


^ I9. Complete las frases con alguno de estos pronombres: lo, la, los, las.

1. Los hombres recogen el dinero y ..........................meten en la bolsa. 2. – ¿Ves el coche? – No, no .............veo. 3. – ¿Tienes las llaves del coche? – No, no ...............tengo. 4. – Ves a los atracadores? – No, no ............. veo. 5. – ¿Hablas del chico de la foto? La policía ...............está buscando. 6. – ¿Quién tiene la bolsa? – ..............tiene la policía. 7. – ¿Dónde está el fax? – ................tiene el director del banco. 8. – ¿Y las fotos? – .................tengo yo.


^ 20. Nombre los contrarios:


1. todo 8. ancha 15. bajo

2. entrada 9. poco 16. gordo

3. terminar 10. viejos 17. nunca

4. sacar 11. débiles 18. enviar

5. bajar 12. lento 19. contestar

6. entrar 13. cerca 20. malo

7. delante 14. último 21. izquierda


^ 21. Complete las oraciones con uno de los verbos signientes: amenazar, caer, meter, llamarse, sonar, enviar, recibir, gritar, salir, llevar, subir.

1.El ... a los clientes del banco. 2. Los hombres ... el dinero en la bolsa. 3. A las dos ... la alarma. 4. La mujer ... a un coche. 5. El agente ... “¡Alto!” 6. Los policías ... del coche. 7. Un atracador ... al suelo. 8. El chico ... Antonio. 9. Las señoras ... una carta al banco. 10. Esta mañana ... un fax. 11. El niño ... gafas de sol.


^ 22. Responda a las preguntas:

1.¿Qué llevan los atracadores en la cabeza? 2. ¿Amenazan al personal del banco y a los clientes? 3. ¿Llega la policía a tiempo? 4. ¿Corren los policías más rápido que los atracadores? 5. ¿Pueden detener a todos los atracadores? 6. ¿Quién puede escapar? 7. ¿Cómo es Antonio Pareja? 8. ¿Qué fotografías envían a las comisarías de los pueblos de los alrededores? 9. ¿Qué fax reciben al día siguiente? 10.¿Qué sentido tiene el título del cuento?


^ 23.Trabajen en parejas (A y B). A es una persona que ha visto el atraco, B es un agente de la policía. A dice lo que ha visto y B pregunta detalles (prepara antes algunas preguntas) y escribe la declaracíon de A. Las personas que declaran son:

- Una chica que trabaja en el banco.

- Un señor que ha visto cómo los atracadores han salido del banco, cómo la policía ha detenido a dos atracadores y a dónde ha ido el tercer atracador.


^ 24. Lea y reproduzca el diálogo:

Una encuesta ... ¡entusiasmante!

ENTREVISTADOR: Oiga, señor, una pregunta: ¿que haría usted si le tocaran cien millones de pesetas?

SEÑOR: Dejaría de trabajar, eso lo primero.

ENTREVISTADOR: ¿Y usted, señora?

SEÑORA: Yo no, porque si dejara de trabajar me aburriría como una ostra.

SEÑOR: ¡Pero si se está tan bien sin hacer nada! ¡Qué ideas tiene la gente!

SEÑORA: Pues mire, yo no.

ENTREVISTADOR: ¿Qué haría entonces si pudiera disponer de ese dinero?

SEÑORA: Montaría un negocio... una boutique o algo así.

SEÑOR: ¡Pues no le daría poca lata la tienda...!

SEÑORA: Ya sé, pero aunque me diese trabajo estoy segura de que me lo pasaría estupendamente.

ENTREVISTADOR: Pasemos a otra pregunta. Si pudiera elegir, qué escogería: ¿el aplauso, el poder o el dinero? A ver este señor...

OTRO SEÑOR: Yo el poder, desde luego. Ya me gustaría mandar un poco, que hasta ahora no he hecho más que obedecer...

SEÑORITA: Pues yo el aplauso. ¡Cuánto me gustaría subir a un escenario, soltar un aria de Donizetti y no poder ni acabar por los aplausos! ¡Eso sí que sería precioso..!

ENTREVISTADOR: A ver, otra pregunta. Si su pareja no tuviese ninguna limitación de dinero, ¿qué regalo sería el más deseado?

SEÑORA: A mí me haría una ilusión muy grande un abrigo de visón...

SEÑORITA: ¡Qué horror, esos pobres animales! Yo aunque me lo regalaran no me lo pondría...

ENTREVISTADOR: Otra pregunta, ésta sólo para caballeros... Si pudiera elegir ¿a qué heroína de ficción debería parecerse su esposa?

SEÑOR: Bueno, yo estoy casado y mi Teresa francamente no veo que se parezca a ninguna estrella..

ENTREVISTADOR: Bueno, en el suponer que se hubiese casado con otra...

SEÑOR: Bueno, si hubiera encontrado a una como Gilda no me lo habría pensado dos veces, por supuesto...

MUCHACHO: Pues yo, aunque hubiese encontrado a la mismísima Brigitte Bardot, me habría casado igualmente con mi Angelita, que es un cielo...


^ 25. Lea el texto y conteste a las preguntas:

El robo del museo

El domingo pasado, temprano por la maňana, ocurrió un robo en el Museo de Arte Moderno. Los ladrones entraron en el museo y se escaparon con algunas obras de arte muy valiosas.

Arfotunadamente, dos personas observaron el robo. Esto es lo que declararon a la policía. (Atención a los detalles, ¡por favor! ¡Los testigos no están de acuerdo!)

^ La Sra. De Muňoz:

Como todos los domingos, el domingo pasado fui a misa muy temprano. Iba por la Avenida de la Libertad cuando vi un coche negro que se paró enfrente del Museo de Arte Moderno. Como era de día, pude observar muy bien lo que pasó.

Como acabo de decir, el coche se paró enfrente del museo. Era un coche grande, de tipo norteamericano, probablemente un Ford o un Chevrolet. En el coche había dos personas: un hombre y una mujer.

La mujer era bastante joven. Creo que tenía menos de veinte y cinco aňos. Era rubia y llevaba anteojos de sol. (¡Qué raro! ¡A las seis y media de la maňana!) Ella era la conductora del coche y se quedó en el coche todo ese tiempo, esperando a su cómplice.

Poco después que se paró el coche, el hombre se bajó. Pude verlo bien. Era bastante alto y moreno, con un bigote pequeňo. Llevaba pantalones de color anaranjado, una chaqueta gris y un sombrero. En la mano tenía un revólver.

Cruzó la calle y entró en el museo por una ventana que estaba abierta. Eran exactamente las siete menos veinte y tres. (¡Estoy absolutamente segura de la hora porque miré mi reloj en aquel momento!)

Diez minutos después, el hombre salió del museo por la misma ventana. En los brazos llevaba dos estatuas. Cruzó la calle y se subió al coche donde la mujer lo esperaba. Ella arrancó el coche y los dos se escaparon muy de prisa.

^ El Sr. García:

Yo también vi el robo, y ese robo no ocurrió como dice la Sra. De Muňoz. Estoy seguro de lo que digo porque vivo enfrente del museo. Así es que pude observar muy claramente todo lo que ocurrió.

El domingo pasado me levanté a las seis menos cuarto. Como ya hacía mucho calor, fui a abrir la ventana. La abrí y me quedé mirando la calle. No había nadie, excepto dos o tres personas que iban a misa.

A las seis vi un coche. Como explicó la Sra. De Muňoz, este coche se paró enfrente del museo. ¿Y cómo era? No era negro, sino rojo. No era grande, sino pequeňo. No era de tipo norteamericano, sino europeo. Creo que era un Renault o tal vez un Fiat. Es cierto que en el interior había dos personas, un hombre y una mujer, pero era el hombre el que conducía.

A las seis y veinte, los dos ladrones se bajaron del coche, y pude verlos muy bien. La mujer era joven, alta, morena. No llevaba anteojos de sol. El hombre era bajo, moreno y llevaba anteojos. Llevaba pantalones de color anaranjado, pero en vez de una chaqueta, llevaba un suéter blanco. No llevaba sombrero y no tenía revólver en la mano. (Qué idea más tonta! ¡Es sólo en las películas que ladrones tienen revólver!)

El hombre y la mujer cruzaron la calle. El hombre entró en el museo por la puerta que estaba abierta y no por la ventana. La mujer no entró. Se quedo delante de la puerta. A las seis y media el hombre salió del museo con dos paquetes muy grandes. La mujer lo ayudó a llevarlos al coche. Después ellos se subieron al coche y desaparecieron inmediatamente.

¡Es muy difícil ser buen testigo! A menudo, hay una diferencia entre lo que vemos y lo que creemos ver. Por eso, ambos la Sra. De Muňoz y el Sr. García cometieron ciertos errores en el testimonio.

¿Puede Vd. decir cuándo tenían razón y cuándo no?


Respecto a . . . ¿Quién tenía razón?

¿la Sra. De Muňoz? ¿el Sr. García?

1. el tipo de coche □ □

2. el color del coche □ □

3. la hora del crimen □ □

4. el color del pelo de la mujer □ □

5. lo que llevaba la mujer □ □

6. el aspecto físico del hombre □ □

7. lo que llevaba él □ □

8. la manera en que entró en el museo □ □

9. la manera en que salió del museo □ □

10. lo que se llevó □ □


¿Quién fue el mejor testigo? ¿Por qué?


^ 26. Lea y comente el texto:

Los secretos de la cara

Hay personas idealistas y románticas. Hay también personas realistas y muy prácticas...Todos somos un poco diferentes. Todos tenemos nuestra personalidad, nuestra individualidad.

¿Cómo explicar las diferencias que hay entre nosotros? Para algunas personas, estas diferencias son determinadas por el aspecto físico de cada uno, especialmente por la forma de la cara. Así es que una persona que tiene la cara ovalada no tiene las mismas cualidades (ni por supuesto los mismos defectos) que una persona que tiene la cara rectangular. ¿Es posible?... Tal vez ... ¡Tú tienes que decidir!

¿Tienes la cara ovalada? Tienes muchos amigos porque eres una persona muy simpática y generosa. Eres romántico(a) también. Te gusta escuchar música. Te gusta bailar. Te gusta viajar. Tienes muchas ideas interesantes y originales. Tienes un temperamento artístico. Eres un poco tímido(a) y, a veces, eres un poco... perezoso(a), ¿verdad? En clase, estudias bien, pero en casa... ¡no tienes muchas ganas de estudiar! ¡Tienes que ser más dinámico(a)!

¿Tienes la cara rectangular? Eres una persona muy dinámica. Tienes la personalidad de un líder. Por eso eres muy respetado(a) por tus profesores y amigos. Te gusta organizar, dominar ... y, a veces, criticar también. Tienes muchas ambiciones y aspiraciones. Tienes ganas de ser una persona muy importante en el futuro, tal vez el presidente de una gran compañía internacional. ¡Tienes que ser más sociable en tus relaciones personales y menos serio(a) en la vida!

¿Tienes la cara cuadrada? Eres realista y práctico(a)... Tienes también una gran curiosidad intelectual. Te gusta estudiar en clase y trabajar en casa. Eres muy ambicioso(a). Tienes mucho talento para las cosas mecánicas. Te gusta reparar relojes, televisores, bicicletas y otras cosas. No eres muy generoso(a). ¡Tienes que mejorar las relaciones con los amigos!

¿Tienes la cara redonda? Eres muy realista. Tienes mucho sentido común, pero los sentimientos no tienen gran valor para ti. Eres muy serio(a) y trabajas mucho. Eres un estudiante muy bueno, y también eres deportista. Te gusta nadar. Te gusta jugar al tenis, al volibol, al basquetbol. Te gusta organizar fiestas. Eres activo(a) en todos los aspectos de la vida. Te gusta criticar, pero no te gusta ser criticado(a). ¡No eres muy tolerante! ¡Tienes que ser más generoso(a) y paciente con tus amigos!

¿Tienes la cara triangular? Eres una persona muy intelectual. Te gusta mucho intercambiar ideas. Siempre tienes ganas de expresar tu opinión y de escuchar la opinión de otras personas. Te gusta hablar de música, arte, política y especialmente de los problemas importantes de la vida. Tienes también una gran sensibilidad y una gran imaginación. Pero eres un poco supersticioso(a), ¿verdad? Y cambias de opinión muchas veces. ¡Tienes que ser más disciplinado(a) y más estable en tus ideas y tus sentimientos!


^ 27.Lea y comente el texto:

¿Qué diferencia hay entre los ojos azules y los marrones?

La distinta coloración de los ojos -azul, verde, castaño y negro- depende de la cantidad de pigmento presente en la parte más superficial del iris, la melanina. Este colorante natural, que nos protege de los nocivos rayos ultravioleta, se halla en todos los ojos, salvo en los de los albinos, y su color depende de la cantidad y el tamaño de los gránulos de melanina. Así, es azul si son muy pequeños; verde si son un poco mayores y, a medi­da que aumentan en tamaño y número, el iris se va oscureciendo. Gracias a este pigmento y al que se acumula en la zona más profunda, que aparece siempre de color más oscuro, el iris puede hacer su función, que consiste en dosificar la cantidad de luz que entra en el ojo, abriéndose y cerrándose como la abertura de la lengüeta de una cámara. Por sí misma, la melanina limita la potencia de los rayos solares. Ésta es la razón por la que los albi­nos sufren una fuerte sensibilidad a la luz que compromete su visión.


^ 28. Lea y traduzca el texto, coméntelo:

Vuelve el cuerpo

Por Inmaculada de La Fuente

Esculpirse el físico o fabricarlo a medida, nueva religión que resucita la estética del narcisismo

La moda del cuerpo que irrumpe con furor en Europa por influencia de Estados Unidos ha revolucionado el universo masculino. El hombre ha roto la vieja imagen que identificaba al macho con el barro de la guerra y ha asumido para sí la estrategia de la seducción. Ellos se cuidan, ante todo, para gustarse a sí mismos.

Un hombre fornido de unos 35 años, sentado en una silla confortable y con las piernas desnudas holgadamente cruzadas, miraba ensimismado la diminuta piscina del gimnasio. El caballero se encontraba el pasado miércoles a la una de la tarde en la piscina del gimnasio Eurobuilding y su silueta, moderadamente musculosa, se reflejaba en el agua azul cloro. Llevaba un bañador bermudas y ese detalle hacía pensar instantáneamente en los mares del Sur. Había tomado una sauna hacía poco, después de hacer un cuarto de hora de pesas, y reposaba con un vaso de tónica entre las manos antes de remojarse en frío. Sus gafas oscuras impedían saber si su expresión era feliz, pero transmitía la sensación de que se trataba de un hombre razonablemente hedonista, satisfecho de su forma y cuidadoso de su salud. Más tarde, sin prisas, iba a recibir un masaje. Después de abonar 2.700 pesetas por estos servicios, el cliente pedía en un restaurante cercano un filete a la plancha con ensalada y regresaba a su oficina pimpante como una ardilla.

Como él, muchas personas han descubierto que tienen un cuerpo. Y empiezan a mimarse. “Estar sano, no tomar drogas, hacer ejercicio y llevar una vida natural y al mismo tiempo sofisticada son los preceptos de la nueva religión. Pero el pintor Carlos Alcolea cree que esta moda es otra manera de rebelarse contra el padre: “Como el padre tiene barba y es un drogota, te afeitas y no te drogas”. Pero revela también un pánico a la institución médica: “La nueva Inquisición”. Este furor por el cuerpo parece hipocondriaco y no hedonista: “Los placeres físicos siguen subestimados, el sexo da miedo y esto es sólo una manera de sustituir la sexualidad directa”. Para otros es una nueva paranoia: “Los mismos que ahora se miden y remiran los bíceps, en otros tiempos se dedicaban a contar orgasmos”.

Nacho disfruta ahora de unas anchas espaldas que atenúan la delgadez de su cuerpo, de natural menudo. Este joven de 28 años que realza su pelo, teñido de rubio y muy corto, con una potente laca, practica body-building (culturismo no competitivo) desde hace tres años. Nacho no bebe alcohol, no fuma, no toma drogas. El gimnasio le ha cambiado el cuerpo: “En el colegio me pegaban porque era delgaducho y me daba apuro ponerme en traje de baño. Yo voy al gimnasio hora y media todos los días, alterno tenis o squash cada tarde y voy a la piscina una vez a la semana. También voy una vez a la semana a hacer gimnasia de mantenimiento con un profesor de ballet para adquirir flexibilidad. El afán por estar sano ha creado un nuevo régimen de comidas. Muchos son los hombres que van al mercado, especialmente la frutería, a hacer su acopio de alimentos sin hacer concesiones a las calorías. Es el naturismo elegante que practica también el pintor Alcolea, Ha adoptado un estilo de comer que no respeta convenciones: apenas come a la hora del almuerzo, su comida principal la hace a las 8.30 a base de carne a la plancha o en ocasiones medio kilo de caviar. Duerme nueve horas y a las cuatro de la madrugada se despierta, toma algo de fruta y vuelve a reanudar sus sueños.


^ 29. Lea el texto y conteste a las preguntas:


El abanico

Por Vicente Riva Palacio.

I

El Marqués estaba resuelto a casarse, y había comunicado aquella noticia a sus amigos. La noticia corrió con la velocidad del relámpago por toda la alta sociedad como toque de alarma a todas las madres que tenían hijas casaderas, y a todas las chicas que estaban en condiciones y con deseos de contraer matrimonio, que no eran pocas.

Porque, eso sí, el Marqués era un gran partido, como se decía entre la gente de mundo. Tenía treinta y nueve años, un gran título, mucho dinero, era muy guapo y estaba cansado de correr el mundo, haciendo siempre el primer papel entre los hombres de su edad dentro y fuera del país.

Pero se había cansado de aquella vida de disipación. Algunos hilos de plata comenzaban a aparecer en su negra barba y entre su sedosa cabellera; y como era hombre de buena inteligencia y no de escasa lectura, determinó sentar sus reales definitivamente, buscando una mujer como él la soñaba para darle su nombre y compartir con ella las penas o las alegrías del hogar en los muchos años que estaba determinado a vivir todavía sobre la tierra.

Con la noticia de aquella resolución no le faltaron seducciones ni de maternal cariño ni de románticas o alegres bellezas; pero él no daba todavía con su ideal, y pasaban los días, y las semanas y los meses, sin haber hecho la elección.

—Pero, hombre—le decían sus amigos—, ¿hasta cuándo no vas a decidirte?

—Es que no encuentro todavía la mujer que busco.

—Será porque tienes pocas ganas de casarte que muchachas sobran. ¿No es muy guapa la Condesita de Mina de Oro?

—Se ocupa demasiado de sus joyas y de sus trajes; cuidará más de un collar de perlas que de su marido, y será capaz de olvidar a su hijo por un traje de la casa de Worth.

—¿Y la Baronesa del Iris?

—Muy guapa y muy buena; es una figura escultórica, pero lo sabe demasiado; el matrimonio sería para ella el peligro de perder su belleza, y llegaría a aborrecer a su marido si llegaba a suponer que su nuevo estado marchitaba su hermosura.

—¿Y la Duquesa de Luz Clara?

—Soberbia belleza; pero sólo piensa en divertirse; me dejaría moribundo en la casa por no perder una función del Real, y no vacilaría en abandonar a su hijo enfermo toda una noche por asistir al baile de una embajada.

—¿Y la Marquesa de Cumbre-Nevada, no es guapísima y un modelo de virtud?

—Ciertamente; pero es más religiosa de lo que un marido necesita: ningún cuidado, ninguna pena, ninguna enfermedad de la familia le impediría pasarse toda la mañana en la iglesia, y no vacilarían entre un sermón de cuaresma y la alcobita de su hijo.

—Vamos; tú quieres una mujer imposible.

—No, nada de imposible. Ya veréis cómo la encuentro, aunque no sea una completa belleza; porque la hermosura para el matrimonio no es más que el aperitivo para el almuerzo: quien tiene hambres no necesita aperitivos, y el que quiere casarse no exige el atractivo de la completa hermosura.

Tenía el Marqués como un axioma, fruto de sus lecturas y de su mundanal experiencia, que a los hombres y a las mujeres no debe medírseles para formar juicio acerca de ellos por las grandes acciones, sino por las acciones insignificantes y familiares; porque los grandes hechos, como tienen siempre muchos testigos presentes o de referencia, son resultado más del cálculo que de las propias inspiraciones, y no traducen con fidelidad las dotes del corazón o del cerebro; al paso que las acciones insignificantes hijas son del espontáneo movimiento de la inteligencia y de los sentimientos, y forman ese botón que, como dice el refrán antiguo, basta para servir de muestra.

1.¿Qué había resuelto el Marqués? 2. ¿Cómo fue recibida la noticia? 3. ¿Qué cualidades tenía el Marqués para ser un gran partido? 4.¿Por qué quería casarse el Marqués? 5.¿Cuánto tiempo pasó el Marqués sin hacer la elección? 6.¿Por qué piensa que la Condesita de Mina de Oro no es la mujer ideal? 7.¿Qué opina el Marqués de la Baronesa de Iris? 8.¿Por qué no elige por esposa a la du­quesa de Luz Clara? 9.Según el Marqués, ¿qué defecto tendría la Marquesa de Cumbre-Nevada? 10. Según el Marqués, ¿qué es la hermo­sura en el matrimonio? 11. ¿Cómo se le debe medir a la gente? 12. ¿Qué causas determinan las grandes acciones? 13. Para el Marqués, ¿qué muestran las acciones insignificantes?

II

Una noche se daba un gran baile en la Embajada de Inglaterra. Los salones estaban llenos de hermosas damas y apuestos caballeros, todos flor y nata de las clases más aristocráticas de la sociedad. El Marqués estaba en el comedor, adonde había llevado a la joven Condesita de Valle de Oro, una muchacha de veinte años, inteligente, simpática y distinguida, pero que no llamaba, ni con mucho, la atención por su belleza, ni era una de esas hermosuras cuyo nombre viene a la memoria cada vez que se emprende conversación acerca de mujeres encantadoras.

La joven Condesa era huérfana de madre, y vivía sola con su padre, noble caballero, estimado por todos cuantos le conocían.

La Condesita, después de tomar una taza de té, conversaba con algunas amigas antes de volver a los salones.

—Pero, ¿cómo no estuviste anoche en el Real? Cantaron ad­mirablemente el Tannhauser1—le decía una de ellas.

—Pues mira: me quedé vestida, porque tenía deseos, muchos deseos, de oír el Tannhauser; es una ópera que me encanta.

—¿Y qué pasó?

—Pues que ya tenía el abrigo puesto, cuando la doncella me avisó que Leonor estaba muy grave. Entré a verla, y ya no me atreví a separarme de su lado.

—Y esa Leonor—dijo el Marqués terciando en la conversación—, ¿es alguna señora de la familia de Ud.?

—Casi, Marqués; es el aya que tuvo mi mamá; y como nunca se ha separado de nosotros y me ha querido tanto, yo la veo como de mi familia.

—¡Qué abanico tan precioso traes!—dijo a la Condesita una de las jóvenes que hablaba con ella.

—No me digas, que estoy encantada con él y lo cuido como a las niñas de mis ojos; es un regalo que me hizo mi padre el día de mi santo, y son un primor la pintura y las varillas y todo; él me lo compró en París.

—A ver, a ver—dijeron todas, y se agruparon en derredor de la Condesita, que, con una especie de infantil satisfacción, desplegó a sus ojos el abanico, que realmente era una maravilla del arte. ;

En este momento, uno de los criados que penosamente cruzaba entre las señoras llevando en las manos una enorme bandeja con helados, tropezó, vaciló y, sin poderse valer, vino a chocar contra el abanico, abierto en aquellos momentos, haciéndolo pedazos. Crujieron las varillas, rasgóse en pedazos la tela y poco faltó para que los fragmentos hirieran la mano de la Condesita.

—¡Qué bruto!—dijo una señora mayor.

—¡Qué animal tan grande!—exclamó un caballero.

—¡Parece que no tiene ojos!—dijo una chiquilla.

Y el pobre criado, rojo de vergüenza y sudando de pena, podía apenas balbucir una disculpa inteligible.

—No se apure Ud., no se mortifique—dijo la Condesita con la mayor tranquilidad—; no tiene Ud. la culpa; nosotras, que estamos aquí estorbando el paso.

Y reuniendo con la mano izquierda los restos del abanico, tomó con la derecha el brazo del Marqués, diciéndole con la mayor naturalidad:

—Están tocando un vals, y yo lo tengo comprometido con Ud.; ¿me lleva Ud. al salón de baile?

—Sí, Condesa; pero no bailaré con Ud. este vals.

—¿Por qué?

—Porque en este momento voy a buscar a su padre para decirle que mañana iré a pedirle a Ud. por esposa, y dentro de ocho días, tiempo suficiente para que Uds. se informen, iré a saber la resolución.

—Pero, Marqués—dijo la Condesita trémula—, ¿es esto puñalada de picaro?

—No, señora; será cuando más, una estocada de caballero.

Tres meses después se celebraban aquellas bodas; y en una rica moldura bajo cristal, se ostentaba en uno de los 65 salones del palacio de los nuevos desposados el abanico roto.

1.¿Cómo estaban los salones de baile? 2.¿Cómo era la Condesita de Valle de Oro? 3.¿Por qué no había asistido la Condesita a la ópera la noche anterior? 4.¿Quién era Leonor? 5.¿Que dijo la Condesita de su precioso abanico ¿ 6.¿Cómo se hizo pedazos el abanico? 7.¿Qué comentarios hicieron los invitados al presenciar el accidente? 8.¿Cómo reaccionó la Condesita al ver su abanico roto? 9.En lugar de bailar, ¿qué decidió hacer el Marqués? 10.¿Cuándo sabrá el Marqués la respuesta de su petición? 11.¿Qué se encuentra en uno de los salones del palacio de los nuevos esposos?


^ 30. Hable sobre uno de los temas:

  1. ¿Recuerda Ud. el cuento “La Cenicienta” ? Compare Ud. a la Cenicienta y al Príncipe con los personajes del cuento “El abanico”.

  2. Si Ud. fuera la Condesita de Valle de Oro, ¿sería Ud. feliz como
    esposa del Marqués? ¿Por qué? O ¿por qué no? Explique.

  3. Según Ud., ¿qué cualidades debe poseer el esposo o la esposa
    ideal que a Ud. le gustaría? ¿Qué tipo de persona sería?


^ 31. Lea el texto y conteste a la preguntas:


El forastero gentil

Por Sabine Ulibarrí

I

Salió del sol. Salió del pinar. Era un hombre grande. Llevaba una carga grande. Alguien lo vio. Pronto lo supieron todos. Ese hombre fue el foco de todas las miradas. Todos especulando: ¿quién será?, ¿a qué vendrá?

Conforme se iba acercando por el camino caluroso y polvoriento se iba revelando. Vieron que era un tipo vaquero. Sombrero alto y blanco, terciado hacia un lado, por el sol, por el calor. Cotón y pantalón de lona azul, blanquisca por el tiempo y el abuso. Botas de tacón alto. Espuelas chapadas de plata. En su lado derecho, llevaba un pistolón de miedo. Era un americano.

Ya de lejos don Prudencio había analizado la situación. Les dijo a sus hijos que este americano tenía que ser un ladrón o matón, o ambos. Un hombre desesperado y peligroso. Hay que darle todo lo que pida. Si no se lo damos, él se lo va a robar, acaso va a herir o a matar a alguien. “Además”, les dijo, “tendremos un enemigo para toda la vida.”

Al fin llegó el extranjero hasta el portal de la casa. Allí estaban don Prudencio y sus hijos esperándole. Alrededor, los peones mirando y esperando. Las mujeres detrás de las cortinas. Todos llenos de curiosidad.

Dejó caer su carga. Era su montura. Dijo que se llamaba Dan Kraven, que se le había roto una pierna a su caballo y había tenido que matarlo. Tenía sed y hambre. Don Prudencio no hablaba inglés pero sus hijos sí.

Tenía unos ojos azules como el hielo. Tenía una mirada como un rayo azul helado que penetraba y quemaba los ojos de los demás. Una mirada que retaba, amenazaba y desconfiaba a la misma vez.

Venía molido. En todo se le notaba. El cansancio, el hambre y la sed hablan a gritos.

Mi tío Victoriano llevó al extranjero al zaguán. Allí en el fresco había una tina llena de agua con un bloque de hielo. Le dio un júmate de calabaza lleno de agua helada. Esa agua debió ser agua bendita, el agua de la salvación para ese señor en ese momento. Primero tomó pequeños sorbos. Los detuvo un momento en la; boca. Luego se los tragó. Lento y solemne como si aquello fuera algún rito misterioso, casi como si estuviera tomando una extraña comunión. Después tomó largos y hondos sorbos. De inmediato pareció restituido. Parecía milagro. Todos tenían la extraña sensación de que habían presenciado un acto un tanto religioso.

No se le llevó al fuerte donde vivían los peones. Se le dio una habitación de la casa. Le llevaron agua para que se bañara y ropa limpia.

Quién sabe por qué no se le invitó a comer con la familia. Se le llevaba de comer a su cuarto tres veces al día. Quizás sería porque mi abuelo decidió que el comer juntos resultaría demasiado bochornoso para la familia y para él. La verdad es que Dan Kraven estuvo perfectamente satisfecho con el arreglo.

Claro que esta visita dio mucho que hablar a todos. En un lugar donde nunca pasa nada extraordinario esto fue un verdadero acontecimiento. ¿Quién sería? ¿De dónde vendría? ¿Qué anda haciendo aquí? No había gringos por allí. Todos los ranchos del Río de Las Nutrias pertenecían a la familia. Los gringos más cercanos estaban muy lejos, más allá de Las Tapiecitas, por allá por La Laguna Hedionda. A lo mejor viene perseguido por la ley o por enemigos. No hubo contestación a las interrogaciones. Dan Kraven no decía nada. No es que no hablaba español. Parecía que no hablaba inglés. Hablaba solamente lo indispensable, y cuando posible, en monosílabos.

Era silencioso y solitario. O no salía de su cuarto, o se paseaba solo por los campos. A veces se le veía revisando los corrales y las caballerizas. Cuando no podía evitarlo, y se encontraba con alguien, siempre saludaba con seria y serena cortesía. Se tocaba el ala del sombrero y decía “Howdy” a los hombres y “Ma’am” a las mujeres sin detener el paso. Sólo con mi abuela se detenía, se quitaba el sombrero, hacía una pequeña reverencia y le decía, “Miss Filomena, Ma’am.” Se puede ver que de hablador no le iba a acusar nadie.

A mi tío Victoriano le decía “Víctor”, a mi tío Juan, “Johnny”. A mi padre, que se llamaba Sabiniano, le llamó “Sabine”. De esto último se dedujo que Dan venía de Texas donde hay un río que se llama Sabine. El nombre se le pegó a mi padre, y cuando yo nací me lo dio a mí.

Mi padre tendría entonces unos ocho años. Era el más joven de sus hermanos. El fue el que más se le acercó a Dan Kraven. Quién sabe por qué. Tal vez porque en su inocencia los niños son más atrevidos. Quizás porque todos quieren a los niños, hasta los matones. O, aquí está el misterio, acaso Dan Kraven se acordara de un hermanito, o un hijo. Nadie sabe. La verdad es que el misterioso forastero tomaba al niño de la mano y se iban los dos solos en largos paseos por el bosque o por los campos. Paseos silenciosos o de muy pocas palabras. El niño no hablaba porque no sabía qué decir, estando perfectamente satisfecho al lado del alto y misterioso “cowboy”. El no decía nada porque no quería. La conversación no hacía falta.

1.¿Cómo era el forastero? 2.Según don Prudencio, ¿qué tenía que ser el americano? 3.¿Por qué dijo Dan Kraven que estaba a pie por esas tierras? 4.¿En qué condiciones se encontraba Dan Kraven? 5.¿Cómo le ayudó la familia? 6.¿Qué clase de preguntas se hacían todos? 7.¿Cómo contestaba Dan Kraven? 8.¿Qué hacía Dan Kraven durante su estadía? 9.¿Qué nombres les dio a los diferentes miembros de la familia? 10.¿Con quién se hizo amigos el forastero?

II

Dan Kraven se estuvo en la casa de don Prudencio como una semana. Descansó bien. Se repuso bien. Pero . . . había en él un extraño cansancio del que no descansaría nunca, del que no se repondría jamás. Era como una desilusión intensa y profunda. Era como si la vida fuera una carga larga y pesada. Era como si no le importaba si vivía o no. Creo que allí se encontraban el peligro y el terror que emanaban de este hombre. El que ha perdido las ilusiones y las esperanzas, que no tiene ganas de vivir y no le tiene miedo a la muerte es el hombre más peligroso. ¿Qué tiene que perder? ¿Qué tiene que ganar?

Hubo momentos en que casi habló. Hubo momentos en que casi se sonrió. Pero éstas fueron chispas fugaces que se apagaban en cuanto nacían. Pronto volvía el americano a su postura insulada y solitaria. Es posible que si se hubiera quedado más, los de la casa lo hubieran visto reír algún día.

Un día fue a buscar a don Prudencio. Por medio de mi tío Victoriano le agradeció todas sus cortesías y le pidió un caballo. Mi abuelo hizo reunir la caballada en el corral. Le dijo a Dan que escogiera. Dan escogió un precioso caballo prieto con las patas blancas. Mi tío Victoriano quiso protestar. Era el suyo. Se llamaba . Moro. Mi abuelo lo silenció con una mirada.

Dan Kraven montó en su caballo prieto. Toda la familia y los peones salieron a decirle adiós. Había nacido un extraño cariño para este hombre de la profunda tristeza y de la tremenda pistola. Dijeron algunos que había lágrimas en los ojos de Dan aunque nadie estuvo seguro. Todos le agitaban la mano y le decían “Vaya con Dios”, “Adiós”, “Vuelva.” Él alzó la mano y les dio un saludo casi militar. Y sin decir palabra se fue.

Se fue por donde vino. Por el mismo polvoriento camino. Entró en el pinar. Entró en el sol y desapareció para siempre. Nadie le volvería a ver. Todos preguntaban en todas partes. Nadie tuvo nunca noticias de un hombre con el nombre de Dan Kraven.

Pasó el tiempo como siempre pasa. No sé cuánto y no me importa. Todos guardaban sus memorias del hombre que un día salió del sol y otro día volvió al sol de donde vino. Era ya todo como si fuera un cuento, una fantasía o un invento. Se hablaba en la casa de él con frecuencia y con cariño, y se preguntaba si algún día volvería.

Una mañana, bien temprano, antes de que la familia se levantara, vino Juan Maés, el caporal, a dar golpes a la puerta. “¡Don Prudencio, don Prudencio, venga al corral ahora mismo!”

Todos, mayores, niños, peones van corriendo al corral. Allí estaba el caballo palomino más hermoso que nadie había visto, con una buena silla nueva, con un freno chapado de plata y una pechera con conchas de plata.

Mi abuelo se acercó. De la teja de la silla colgaba una correa con estas palabras grabadas, “Para don Prudencio, con eterno agradecimiento.” En el mantón de Manila había una etiqueta que decía, “Para doña Filomena, con todo respeto.” En las espuelas decía, “Para Sabine cuando sea hombre y para que no me olvide.” En ninguna parte aparecía el nombre de Dan Kraven. No hacía falta. A él no lo vio nadie. Ni lo volvieron a ver.

Otra vez pasó el tiempo. Nací yo, y nacieron mis primos. Todos oímos una y otra vez la historia de Dan Kraven. Todos vimos que el caballo favorito de mi tío Victor era un hermoso palomino que se llamaba Moro. Todos vimos que en la sala de mi abuela Filomena, donde no entraba nadie, había un colorido mantón de Manila sobre el sofá. Mi padre en días de trabajo llevaba botas viejas con espuelas chapadas de plata. En días de feria y de fiesta llevaba las mismas espuelas con botas nuevas.

Una visita accidental de un hombre raro y fenomenal enriqueció y afectó la vida sentimental de una familia fronteriza y colonial. Vivió ese hombre en los recuerdos de todos los que lo conocieron hasta que todos murieron.

Aquí estoy yo, que no lo conocí, con el nombre que él me dio con todo orgullo. Aquí estoy yo, que no lo conocí, escribiendo su historia, la historia de un hombre que acaso no tuvo nombre, y que por cierto no tiene cuerpo, para que el mundo, o por lo menos mi gente, conozca su gentileza quieta, callada y silenciosa. Escribo tus memorias, que son las de mi familia y también las mías, Dan Kraven, para que todo el mundo sepa. Quiero que todos sepan que allá en un tiempo hispánico, en un rincón hispánico en un Nuevo México de habla española hubo un gringo gentil, agradecido y generoso. Mi silencioso y misterioso caballero andante, no digas nada. Yo lo digo por ti.

1.Según el autor, ¿cómo era el cansancio de Dan Kraven? 2.¿Qué postura tenía el extranjero? 3.¿Qué le pidió Dan a don Prudencio? 4.¿Cómo fue la despedida? 5.Después de su ida, ¿cómo le recordaba la familia? 6.¿Por qué levanta el caporal a la familia? 7.¿Cuáles son las expresiones de agradecimiento? 8.¿Qué piensa la familia de estos finos regalos? 9. ¿Cómo afecta la visita de Dan a esta gente? 10. ¿Qué quiere el autor que todos sepan?


^ 32.Lea y relate el texto. Coméntelo:


En la playa

Teresa está en casa, nerviosa. Está esperando la llamada de Enri­que, un chico que ha conocido hace unos días en una discoteca. Tenía que llamar el viernes después del trabajo, a eso de las ocho. Ya son las diez y aún no ha llamado.

—No sé que hacer —le dice a su amiga Ana—. Pensábamos ir a la playa este fin de semana Él tiene un pequeño apartamento.

—¿Tiene coche? —pregunta Ana.

—No, pero mi padre me deja el Seat —contesta Teresa.

—¿Por qué no le llamas tú?

—No, tiene que llamar él. Si no llama es que no tiene interés en mí. Es un chico muy guapo y todas las chicas van detrás de él —dice Teresa.

—Bah, eso lo dices siempre. Es que tú no te valoras. Siempre crees que los demás valen más que tú. Tienes que tener más confianza en ti misma.

—No, no, ahora es verdad —protesta Teresa—. Tú no lo conoces. Es guapísimo. No entiendo por qué quiere salir conmigo. Bueno, si que lo entiendo, porque si no me llama, es que no tiene interés. ¡Qué mala suerte!

—Yo creo que él tiene mucho interés por ti, pero disimula. Se hace el interesante. Es para aumentar tu interés. Pero no importa, chica. Mañana vamos a la playa tú y yo. Podemos ir con Antonio y su hermano, que son muy guay. Antonio tiene coche. Yo le llamo.

El sábado por la mañana Enrique aún no ha llamado. Ana y sus amigos pasan a recoger a Teresa por su casa muy temprano. Pasan juntos el fin de semana en un pequeño pueblo de la costa, y el domingo por la noche regresan a la ciudad.

Cuando llega a su casa, Teresa escucha los mensajes del contestador:

«Piiip. Hola, Teresa. Perdona, pero ayer no te pude llamar. Es que tenía mucho trabajo. Ahora son las nueve del sábado. Yo estoy preparado para ir la playa. Si tu padre te deja el coche, puedes pasar por mi casa a las 10. Yo no he tenido tiempo de comprar comida, pero quizás tú tienes algo en la nevera. Vamos a estar en el pueblo sólo dos días, así que no necesitamos demasiadas cosas. Si tienes problemas, me lla­mas. Ah, ¿puedes llevar una botella de vino y un poco de aceite? Chao.»

«Piiip. Hola, Teresa. Soy yo otra vez. Son las 11. ¿Qué pasa? Supongo que has ido al super a comprar la comida. Oye, mira, no necesitas llevar toda la comida tú. Yo tengo pan y un pollo. ¿Me puedes llamar, por favor? ¿Puedes pasar por mi casa a eso de las 12? Chao.»

«Piiip. Teresa. Soy Enrique. Te acuerdas de mí? Te he llamado dos veces. Son las tres de la tarde. Mira, en casa tenía comida. Yo llevo toda la comida y el vino. Te espero.»

«Piiip. Teresa, soy Enrique. Son las cinco de la tarde. Si quieres, aun podemos ir a la playa. Yo llevo toda la comida y el vino. Además, ahora tengo el coche de mi hermano. Puedo pasar por tu casa. ¿Me puedes llamar y decir a qué hora puedo venir?”

«Piiip. Hola, Teresa. Soy Enrique otra vez. Estoy solo y tengo muchas ganas de estar contigo. Si no quieres ir a la playa, podemos ir a cenar a algún restaurante. Yo te invito. Espero tu llamada.»


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